Del protocolo al muro del miedo
COLUMNA INVITADA/Por Guillermo Rivera Millán
El blindaje de edificios públicos en Baja California no fue solo una medida de seguridad: fue la metáfora visible de un gobierno que mide riesgos con vallas y distancia. Según el secretario de Gobierno Alfredo Álvarez, el protocolo local que regula las manifestaciones es una réplica de la guía nacional. Lo que se prometió como respeto y proximidad terminó siendo barrera, inhibición y censura.
El 15 de noviembre, Baja California amaneció tapiada. Vallas metálicas rodeaban los edificios del Ejecutivo y la Plaza de los Tres Poderes. El blindaje, pensado como protección, se convirtió en símbolo del miedo y la distancia entre ciudadanía y gobierno.
En la Ciudad de México, la Generación Z intervino esas estructuras con mensajes directos, un hecho expuesto incluso en notas internacionales. Aunque el foco mediático se centró en la capital, esa imagen resume la tensión vivida también en nuestra entidad: un Estado atrincherado y una sociedad que insiste en hacerse escuchar.
El Protocolo de Actuación Gubernamental para la Prevención y Atención de Manifestaciones se publicó en Baja California el 25 de julio de 2025. El secretario lo defendió como instrumento administrativo y réplica del modelo federal. Sin embargo, a nivel nacional la Secretaría de Gobernación presentó el “Protocolo Tipo” y el Decálogo por la Libertad y la Paz en la Protesta Social como base para los estados.
Lo que en el discurso federal se planteó como garantía de derechos humanos derivó en excesos de fuerza pública, bloqueos estratégicos, despliegue de vallas y denuncias por homicidio imprudencial sin observadores independientes. Esa es la réplica que se pretende ejecutar en Baja California. Blindar edificios es la estética del control: pretende orden, produce distancia e inhibe libertades. Así, el protocolo prometía respeto, pero produjo temor. Prometía protección, pero activó represión. Prometía confianza, pero generó blindaje.
Aunque Álvarez insiste en que el protocolo “no busca reprimir”, la realidad operativa del modelo federal revela lo contrario. En la Ciudad de México, la marcha de la Generación Z derivó en detenciones, enfrentamientos y denuncias cruzadas por agresiones. La fiscalía inició procesos por delitos graves, mientras varios policías fueron suspendidos por uso excesivo de la fuerza. Si este es el modelo que Baja California replica, ¿cuántas vallas más se instalarán antes de escuchar a la gente? La pregunta no es retórica: es preventiva.
La respuesta ciudadana, marcada por la desconfianza, fue inmediata. Más de 30 organizaciones —colectivos de búsqueda, maestros, burócratas, defensores de derechos humanos, agrupaciones religiosas y feministas— unidos por una causa se opusieron al protocolo publicado en julio. Algunos interpusieron amparos: de 15, siete obtuvieron suspensión definitiva y seis fueron negados. Se evidenció una justicia partida: jueces sensibles que reconocieron falta de certeza frente a jueces complacientes y atentos al cálculo político.
Cuando la justicia se divide entre conveniencia y valentía, el ciudadano queda sin árbitro y sujeto a los designios de un papel, muchas veces lejos de la materialización efectiva del respeto y la protección de sus derechos. El gobierno debe observar que esta causa, que unió a la defensa legal de forma pacífica, se replicó en la explanada de los Tres Poderes, donde múltiples voces convergieron para exigir seguridad y detener la impunidad.
La manifestación del 15 de noviembre demostró que la protesta —y su socialización digital— va más allá del contenido de un protocolo o de una suspensión judicial. Pese a la llovizna, cerca de mil cachanillas se reunieron en la Plaza de los Tres Poderes. Las pancartas exigían justicia por Carlos Manzo y Sunshine Rodríguez, denunciaban feminicidios sin resolver, el desabasto de medicamentos y rechazaban la falta de apoyo a agricultores. Familiares de desaparecidos, jóvenes, empleados de salud, adultos mayores y activistas del agua tomaron el micrófono para expresar su hartazgo.
Cuando un grupo encapuchado intentó provocar violencia, los propios manifestantes los expulsaron, reafirmando el carácter pacífico de la movilización. En Mexicali, el civismo reguló la fuerza de quienes quisieron ejercer violencia, fuera de todo protocolo. La unidad de causas resultó más potente que la idea de encabezar una sola generación: los jóvenes son obligación de todas las trincheras, su protección y cuidado. “La autoridad no debe hacer menos las consignas, sino reaccionar de forma asertiva”.
El protocolo fue cuestionado por su ligereza. No abordó el tema de la violencia ni sus alcances. Es “ligero” porque evade intencionalmente la regulación estricta del uso de la fuerza, pese a que instrumentos internacionales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos reconocen el derecho de reunión pacífica y obligan al Estado a garantizarlo. No regularlo es permitir la discrecionalidad y el abuso. Ya lo vimos en el Congreso local, donde el uso de la fuerza se desbordó sin regulación clara, y lo acabamos de ver en la manifestación frente al Zócalo en Ciudad de México.
Este escenario obliga a abrir el debate en Baja California: ¿deben restringirse o regularse las manifestaciones y hasta qué grado? Demos aliento al derecho a manifestarse, busquemos su evolución y progresividad, no lo restrinjamos con protocolos inaplicables. Dejemos las réplicas nacionales. Dejemos la retórica que divide. Seamos un gobierno cercano que escuche y dé respuesta a las causas.
El debate no debe esperar a una tragedia; debe ser convocado ahora por el Poder Legislativo y Ejecutivo mediante una consulta pública real e incluyente. Blindar edificios es censura: inhibe la manifestación. Escuchar a la ciudadanía es gobernar. La protesta no es amenaza: es democracia en voz alta.
* Guillermo Rivera Millán. Director General del despacho De la Peña y Rivera S.C., y
Fundador de Justicia que Transforma México A.C.
Estatal
Reprueba víctima indirecta uso de presuntos falsos testimonios
Este martes se llevó a cabo otra audiencia del caso Amparito, referente a la muerte de una adulta mayor causada por una jauría propiedad de dos mujeres imputadas, madre e hija. En esa diligencia se escuchó el testimonio de ambas.
La víctima indirecta, la abogada Ana Lidia Soto, hija de Amparito, señaló molesta que las mujeres hicieron ver a su madre como una mujer en abandono y a ella como una mujer violenta por zarandear al nieto de una de las acusadas, acción que niega categóricamente.
También rechazó la afirmación de que “no le llegaron al precio” y que medio millón de pesos no les alcanzaría para intentar un acuerdo reparatorio. Las acusadas ofrecieron un testimonio de refutación para el viernes, mientras que a ella ya la liberaron como testigo, no dándole la oportunidad de rebatir la versión de las acusadas.
La abogada publicó un video en sus redes denunciando amenazas desde el primer día, y la revictimización que le hacen desde el sistema de justicia.
Estatal
El mal uso de las denuncias de violencia política también tienen consecuencias: experto
El abogado Antonio Sorela Castillo llamó a establecer un equilibrio entre la protección de las mujeres frente a la violencia política en razón de género y el respeto a la libertad de expresión y al ejercicio periodístico, al señalar que las denuncias sin fundamento también pueden tener consecuencias legales y afectar la vida profesional y personal de los comunicadores.
Durante el curso “La Actividad Periodística frente a la Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género” Sorela Castillo, profesor de la Universidad Internacional de La Rioja, sostuvo que los procedimientos para atender este tipo de violencia no deben considerarse, por sí mismos, actos de censura, pues también buscan visibilizar las agresiones que enfrentan las mujeres después de conquistar espacios de participación política.
“Una cosa es que una mujer llegue y otra cosa es que pueda ejercer el cargo libremente de violencia”, expresó el especialista, al señalar que el objetivo de la legislación no debe limitarse a garantizar que las mujeres accedan a puestos públicos, sino que puedan gobernar, administrar un municipio, expresar sus opiniones e intervenir en las decisiones de un cabildo sin enfrentar agresiones.
Sin embargo, advirtió que estos mecanismos también pueden ser utilizados por personas que buscan deslegitimar el trabajo de los periodistas. Explicó que los procedimientos por violencia política en razón de género pueden iniciarse a petición de parte o de oficio, situación que, consideró, debe observarse para evitar que algunas personas pretendan asumir el papel de defensoras de las mujeres con el propósito de emprender acciones contra comunicadores.
“No es censura, es solamente regular que se tienen que hacer las cosas conforme a derecho”, afirmó.
Sorela Castillo sostuvo que el ejercicio periodístico debe realizarse con libertad, pero también con responsabilidad y respeto a los derechos de las mujeres. En ese sentido, señaló que las transformaciones sociales y legales obligan a revisar las prácticas tradicionales de la profesión para evitar que los contenidos periodísticos vulneren derechos.
El abogado explicó que, en materia electoral, existen dos vías para atender estos casos: la denuncia por un posible delito electoral y el procedimiento especial sancionador. Indicó que los periodistas deben conocer los procedimientos y las instancias legales correspondientes para defenderse cuando consideren que una denuncia en su contra carece de fundamento.
Detalló que, cuando exista una resolución definitiva que permita establecer que una denuncia fue falsa, el comunicador puede valorar acciones legales por la vía penal, conforme a lo previsto en el Código Penal de Baja California, así como una demanda civil por daños y perjuicios.
Entre los conceptos que podrían reclamarse mencionó el daño moral, los gastos legales, los daños materiales e inmateriales, el lucro cesante —correspondiente a los ingresos que se dejaron de percibir— y posibles medidas de restitución, de acuerdo con las circunstancias del caso y las determinaciones judiciales.
Mexicali
Toman padres de familia la Secundaria Técnica 32; exigen cubrir plazas docentes
Ante la falta de personal docente y administrativo, padres y madres de familia de la Escuela Secundaria Técnica número 32, ubicada en el fraccionamiento Villa Bonita, tomaron los accesos al plantel para exigir a las autoridades educativas una solución definitiva.
De acuerdo con Eduardo Salgado, padre de familia de la institución, la problemática se ha prolongado por más de dos años sin recibir una respuesta que permita garantizar la cobertura de las clases y las actividades escolares.
Entre las plazas pendientes se encuentran las correspondientes a las asignaturas de refrigeración, cómputo y educación física, además de la falta de un prefecto, situación que ha generado inconformidad entre las familias de los estudiantes.
Salgado señaló que la tarde del día anterior la escuela informó, a través de sus redes sociales, sobre la asignación de personal para atender las vacantes. Sin embargo, indicó que, según la información que recibió, únicamente se incorporaría un docente.
El padre de familia subrayó que la exigencia no se limita a la contratación de personal interino, sino a que las autoridades garanticen su permanencia en el plantel, pues, aseguró, en ocasiones los docentes dejan de recibir sus pagos y terminan por retirarse, lo que provoca que el problema se repita.
Ante esta situación, las familias mantienen su exigencia de que las autoridades educativas atiendan las vacantes pendientes y brinden una solución que permita regularizar las actividades escolares en beneficio de los alumnos.
Por su parte, la Secretaría de Educación, a través de ficha informativa, dijo que ya se está atendiendo el tema, y se enviaron las claves vacantes que había para asignación de DISICAMM.
«Así también, se validó para cubrir de manera interina, al docente que se encuentra en protocolo en la secundaria (el profesor que está a disposición)», precisaron.
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